El velorio ‘e l’ angelito

Témpera sobre papel – 1930 – 31 x 48 cm

Obra realizada por Molina Campos en 1930 para Alpargatas. Firmada y fechada arriba, a la izquierda. El original tiene un calco con el logotipo de la empresa.

Publicada en el almanaque de 1931, mes de noviembre.

Exhibida en 1928 en la muestra «Motivos Gauchos» realizada en la Sociedad Rural Argentina, y en 1930 en el Café Tortoni.

El velorio del angelito es una costumbre ancestral extendida por buena parte del país y del continente americano: la celebración, con baile y rezos, de la muerte de un niño en la edad de la inocencia.

Cuando moría un niño antes de la edad del pecado –un bebé al que no hubo tiempo de bautizar, en otras tradiciones cualquier niño menor de diez años– los familiares organizaban el velorio del angelito. El niño muerto dejaba este mundo para unirse a los ángeles. Por eso, los que lo acompañaban en el tránsito no debían demostrar dolor. La madre no debía llorar, porque las lágrimas podían humedecer las alas e impedirle al angelito su rápida llegada al cielo, y el velorio tenía que ser una fiesta.

Todos tenían que bailar –cielitos, huellas, media caña, triunfos–, porque de ese modo se le daban alas al niño, se lo ayudaba en su ascensión. Los padrinos eran los encargados de cerrar la despedida antes de iniciar la marcha al cementerio. Además del baile había rezos, especialmente trisagios o cantos para los muertos. Con variaciones, con detalles y rituales cambiantes, la tradición se registra en casi toda la Argentina y América católica.

Deja un comentario